Mi querida Val...
Tiempo atrás recibí tu mensaje. No había podido contestarte porque como bien sabes, las cosas importantes se ven constantemente interrumpidas por los "bomberazos", por la coyuntura, por las emergencias, las pequeñeces, las nimiedades... el montón de tonterías, esas que hay que resolver de súbito.
En fin, te abserven. Uno no es lo suficientemente inteligente para hacer que las cosas que no dan para vivir, pero que uno más quiere, ocupen el lugar que se merecen.
Lamentarse no es siempre una perdida de tiempo. Sobre todo si esos lamentos te garantizan estar alerta para disfrutar los deliciosos momentos que se presentan.
Cuando estuvimos juntos por aquellos días que hoy miro tan lejanos, creo no haberte disfrutado al máximo. Tu compañía no es algo que tuviera seguro, y sin embargo me negaba a considerarlo porque me supe grabar en la médula el viejo cuento de que la pena por las cosas que se pueden perder impide gozarlas.
No es verdad. Se requiere un poco de conciencia en lo pasajero que puede ser todo para atenderlo con el cuidado que nos merece. Sea una persona, un sentimiento, una circunstancia, el trabajo, el jefe, los hijos en su primera infancia, y en su segunda y tercera...
Hoy estamos perfectamente separados, más por la llana distancia que por el sentimiento. Hoy que queremos estar juntos, tus obligaciones y las mías nos ponen cuanto obstáculo pueden.
Quisiera correr a abrazarte, a besarte... a cumplir las promesas que te hice cuando juraba enamorado que dejaría todo por estar contigo.
Volver el tiempo atrás, decir al mundo que te quise y que no había forma de estar feliz o siquiera en paz, si no era contigo; que no entendía como había tanta miseria en el mundo de las personas que ni por asomo imaginan que exista alguien como tú.
No quiero contagiarte todo lo mal que me siento, y que esta carta se convierta en no más que un reflejo de mi atormentado espiritu. Como te dije es importante manifestarte la pesadumbre que hoy padezco.
En aquellos días, debo confesarte, disfrutaba estar contigo. Pero, fuí egoísta.
Hubo ocasiones en que no te encontraba en tus 5 sentidos pero prefería no ver, o hacer que no veía, para evitar tocar temas que pudiera derivar en enojos y un sin fin de consecuencias funestas que prefería obviar.
Debí detenerme. Preguntarte como arreglar el menguante brillo de tus ojos para convertirlos en los resplandecientes de los que me enamoré.
Te extraño. Espero que esta empresa termine pronto y pueda arreglar al menos uno de los muchos errores que cometí.
No te prometeré ahora la vida entera, ni una familia, ni viajes, aventuras, ni nada...
Ahora solo te prometeré estar contigo o buscarte cuando note que no estás.
Tuyo al fin.
Diego
martes, 2 de diciembre de 2008
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